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anecdotario

Cuando mi padre y el padre de neli compraron el terreno no sabían que nos ibamos a odiar a muerte ni que la pandemia nos iba a llevar a la misma conclusión, vender la casa. El personaje con que me vincule en esa época, un chico de cara ancha al que apodaban el gato que seria perseguido por muchas y perseguidor de una veintena de doncellas de preparatoria parece ser una de esas respiraciones aguerridas, sólo el ha hecho fente al acaparamiento de neli. Tiene un poligono, una barda a medias, un amante al que nadie ha visto la cara. El auto del fresero. El auto que labava tomando agua de mi llave el calvo barrigón que celebraba mi aficion por leer los diarios. Ya entonces algo me decia que no era del todo cierta la version que contaban los libros de la guerra. 
Cuando llegaba de la secundaria ella se encerraba en su cuarto y dibujaba corazones en sus cuadernos. Ella hacia discursos, no se si sobre chicos porque nunca la vi interesada por nada mas. Un flaco que era vecino de las putas de enfrente recuerda que le gustaba jugar fútbol. Es cierto, estuve a una nada de acabar de marida de futbolista porque el gato lideraba un equipo  que suerte que tuve que el tiempo paso. Yo al llegar de clases lavaba la ropa y ponia a tostar pan. Oia de fondo la musica de una novela. Oia hablar de chicas que habian masacrado por querer ir a la escuela y todo me dolia profundamente, entonces cuando oiamos las voces de los niños en la calle ambas pediamos silencio. 
La mujer de nariz de gancho creció y compró la tienda de una vieja que enfermo que vendia pan duro y golosinas. Y compro la merceria, compró otra casa de un abuelo. Y enterró a algunos de por ahi y no es que me de nostalgia, pero era agradable pasear ahí y salir y comer helado.
La vecindad quedaba tranquila. El domingo salia temprano el forastero mi unico amigo y no volvia, (a veces se iba fuera y otras era velador) fue el gato quien me dijo que el delirio de grandeza de el y mi delirio religioso le daban igualmente asco. En fin, el se saco una licencia de armas, se convirtió en antidisturbios y empezo a hacerse el escurridizo con las mujeres, algunas tambien indias y tambien de mi familia. Mientras yo tejia chalecos con la supervision de oli mi suegra, matrona fracasada. Mujer arrodillada, enclaustrada, cornuda, bien casada, bien reconciliada, empujada, sometida por hijo, nietos, sobrinos, especimenes machos de esos que dan pena ajena. 

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