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Las personas son dulces o son saladas. Antes de conocer al moro te conocí a ti. Despues de conocer al fausto inconforme te conoci a ti. Crispaste mis nervios muchas veces, nunca quise compararme a algo preexistente en tu vida pero soy egoista y lo hice. Y se que no quisiste compararte a fausto y lo celebró, el pecado de fausto ya se sabe esta en no aceptar la facultad de no saberlo todo. Insultaste mi inteligencia una vez y te atreviste porque tenias esperanzas en mi amor propio. Pero las gentes como yo no necesitamos esa moda del amor propio. 
Yo nunca hice versos. Yo nunca senti orgullo al ir del brazo de alguien porque fausto no tomaba del brazo (va a ser que me habia enamorado de un idiota) yo nunca quise aventarme de una proa. Yo iba en carrusel luego en auto luego lei cuneiforme. Entonces te ame pero ya habia conocido al moro, al indigente, al turista y al cartero. Comi sal de los parpados de la lechuza.
Eres de los que creen que no es necesario pedir perdón. Esta en la naturaleza todo, borrar actitudes, borrar paraisos, juntar las manos para amasar y jalar los botones de flores de su piso, bebimos en sendos vasos de cristal un vino mas agrio que las puestas de sol de febrero. Y bebimos de la jarra de penelope y enterré a fausto.
Me enrollaste como una alfombra, me presumiste, me diste castañas tostadas y eso te lo agradecemos el moro y yo. Apilaste toda clase de pretextos y los reconoci uno por uno y los anote para usarlos y los he usado como no.
Tu me preguntaste si despues de nosotros habria historias dulces. La clase de cobardia que tienes me permite demostrar que la historia ni fue historia ni fue dulce, ni de esos superficiales que se toman de sobremesa. De un mentiroso a otro cuentame donde habias intuido dulzura si todo iba tan mal. 
Bebiste mis orgullos con limonada. Ofreciste de todo lo que habia en los menus de todos esos lugares y te disculpaste cuando algo no era de mi agrado. Se parecian en eso tanto la premura y la inquietud. Sabes lo que mas extraño son las salsas. Acercabas la cazuela de cacahuetes, siempre a mis manos y debo decir que hasta la fecha los aborrezco. te burlabas de mis sonrisas por inocentes, inalabamos besos y gritos de ginebra. Y el moro interpreto que eran salmos lo que buscaba y me dejo su tiempo de cien en cien maravedies pero ya antes, cuando te conocí aprendi que ser dulce para otro es lo mismo que hacer kaput al gobierno establecido, por dios es un asco el concubinato igual que las politicas publicas. Pero ya otro dia te cuento la historia del moro.
Te acuerdas cuando me preguntaste si eras lo unico dulce o lo mas dulce que me habia pasado en la vida? Digamos que lo bueno de crecer es no volver a recordar tonterias, apenas si hay espacio para saber donde hay buenos tortelinis.
Te burlabas por pensar en ti todo el tiempo. El cielo miro y sabes que miro. La ciudad miro y sabes que le falta. Porque te quedaste con mis secretos. Me dejaste en todos los rincones por donde pasaste. 
A ti nunca te voy a perdonar, no por lo malo sino por no saber decir que luego del amor hay polvo. Soplamos y la ginebra y todas las copas no me gustaban y como en todas las historias ni valia la pena quejarse por tan poco. 
Nunca te voy a perdonar aunque el consejero lo aconseje, aunque el teatro lo aconseje no por convertirme en la mujer de llanto facil y aspecto nervioso, no por sobrellevar tan mal la enfermedad, no por las noches enteras sin dormir sino por no decir que dejar es lo mismo que insistir. 
Con un sol y dos maravedies voy a pagar este trago.

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