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no creo que sea hoy

No creo que pueda ser hoy el día que escriba de ti, ni el día que te escriba. No puedo si bien dilucidar que es negro cuanto me cubre y que la piel me sofoca y me ensordece. No puedo querer un sol para otros que se que es efímero, prefiero vacacionar en la distancia porque en escribir no puedo confiar, porque no tengo tiempo de buscar las palabras. El mio es el mismo drama de todos. La emocion no vuelve a tomar partido, ni por la vida propia ni por la de otro, la materia y los sucesos, las predicciones, los cuerpos envueltos en trapos hilos voces sollozos, los trozos de pino dispersos en el monte, las miradas de las ardillas van captando un instante que pereció y no nos dio nada. No creo que tengas nombre hoy, aunque tienes cara de paseo por nubes de aire, pero yo no creo que pueda ser hoy el día en que escriba esas cositas de ti mon cheri, ¿como podría explicar que nunca buscaste razones para creer en mi? Como podría explicar que cualquier tarde se convertía en magia, en expresion del...

alma

Una caricia sube al vapor, la esperanza tiene un sonido estridente. Tose un cara palida que anida una vulgar constelacion en las cuentas de su rosario. Un acosador se esconde bajo un diario, compra mas de uno y lee mas de cuatro. Una mujerona busca taĺlas mas grandes y en su sierreño acento oigo a la madre de un amigo. Yo soy la del mal humor, necesito un abanico porque quiero sangre. Otra vez quiero subir pero no puedo, no quiero controlar lo que quiero, no quiero fijarme en el musgo en tu vieja casa, ni oirte suplicar por la vida sin belladona, el mismo efecto tiene las pelis que ves, ni oirte de castos y sublimes dolores, ni de miradas, que si te vas a enamorar otra vez se normal y no culpes a una pobre secre.  Otra vez quiero inscribirme al suplemento de mapas pero la gente que no madura nunca firma con su nombre. El tren ira por alguna zona triste con pavimento desprendiendose y tejas y casas mugrientas, desvencijadas, con estaciones abandonadas hace un siglo, por ahi, por ahi...

pausa de lectura una.

Perpetuo el decir de esa parte de mi que no querias escuchar. Sin tiempo y sin fronteras el pecho sube y baja en el sueño anomalo. Sin palabra se agitan las manos, un ir y venir entre el insomnio mezquino y el sofoco de ir tapada hasta las orejas. El proceso le llaman a la serie de procedimientos detallados desde la compra de un objeto rosaceo que esta muriendo y que alguna vez tus antepasados te contaron que las chicas gustaban de ponerselo en el pelo hasta el aviso en el divan de un consejero, tenga el nombre que tenga. Siempre finaliza en el bar y en el changarro donde sacan copias.  No pienso en voz alta, la asiduidad perjudica otras voces. En voz bajita las manos van repitiendo lo que ya no creen.  En la carreta tira mis restos, quitalos como el soldado aquel de la pelicula que no entiende al profe crucificado, que mas que religioso es occidental, que mas que prisionero fue ciudadano de un pais con un ejercito mas poderoso, aunque no lo entiendas enciende el fuego.  ...

Magnetismo

Soy dueño del miedo al laberinto de tu boca,  a tus dos palabras dulces que me hormiguean por el cuerpo,  a ese ruido que le provocas a mi corazón humano y a ese tímido silencio que entra cuando te veo.   Los sentimientos caen, como petalos, como pajaritos de un nido, como frutas maduras de un árbol son esqueletos sin carne.

diario otro día

Después de todo me he convertido en un hombre que camina con las manos en los bolsillos todo el tiempo,  no solo cuando hace mucho frio.  El mundo lo veo tras los cristales en mis ojos y se ha escarchado de podredumbre y ruido. Una especie de canto ortera va en una voz ajena, humedezco los labios, es mas dificil saciar la sed, el hambre, el ego. Veo desde el torbellino de aves otro enero díscolo y sacudo la cabeza cuando el encargado del cafe me quiere devolver cinco pesos. Otra vez esa voz sacude el desconocimiento, porque se ha alojado en mi cuerpo, desde cuando se confunde en mi aliento. Cuánto espacio hay en mi cabeza ahora que las chorradas sensibleras han quedado atrás, eso tal vez le paso a orlando, lo cierto es que no me acuerdo exactamente de la lectura. Necesito llevar mi auto a que le pongan una bocina. 

mocosos de bajo estrato en calle de pueblo.

La doña no hablaba, o nosotros no entendíamos porque maldiciones si echaba. Era abuela de muchos, unos malandros, otros borrachos, otros galanes de esquina, una de las chiquillas que me pedia darle la mano cuándo ibamos a cruzar la calle tambien era su nieta. Eramos dos muñecas enpolvadas, con el cabello revuelto, que jugaban a contar los bochos que pasaban. ¡Vieja loca!, se reian los niños sin ojos de la esquina. Mi barrio era horrible, pero todos los barrios se conforman así.  Las abuelas gritan mucho, en el temor de que les olviden, cuanto más grande la familia más grande el temor. Los hombres beben mucho, entre más poco ganan más rapido se acaban la plata, y las mujeres, bueno ahí en su lucha cada una, solas en el lavadero, solas hasta convertirse en la  abuela que sabe mucho pero nadie escucha, en casas angostas de adobes remojados. Es espantosa la vejez, no sé si nos da miedo o pasa como con todo lo que no entendemos, dejamos de verlo para que pase pronto.  El cariz...